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Me Toco Ser Un Perro

domingo 13 de julio de 2008


Siempre quise ser como un caracol, pero me toco ser un perro. Siempre navego guiado por vientos de derrota que a final del día me llevan a un lugar llamado Chimalhuacán, ese es mi barrio, no hay caracoles que enseñen su hermosa figura por encima de la hierba.

Tratar de describir al barrio que me hizo perro me lleva a la orilla inevitable de la soledad, orilla que evoca un paisaje en sepia – sensación inexplicable, pero así me lo he imaginado en sueños –. El sepia rebasa el color de las cosas, se convierte en innumerables vientos que azotan salitre sobre tu rostro en tiempo de calor; en las lluvias ese olor tan exquisito a tierra mojada penetra como nada en mis poros y llega a mis cejas y oídos provocando un dolor de lo más placentero.

Es difícil vivir en un lugar así cuando tu sentido del olfato no tolera el polvo, pero así empiezo a navegar contra corriente como un salmón, también me hubiera gustado ser un salmón, pero no… el salmón lucha contra todo por lo que quiere, en cambio un perro se limita a resistir las peripecias del lugar donde le toco estar, de la gente con la que le toco convivir.

Y sí, no muy a menudo enseño los colmillos, prefiero llevármela leve… de pronto un perro gandaya se aproxima e intenta sacarme baro o simplemente demostrar que este perro que soy, es un cobarde. Le doy chance, o al menos esa es la mentira que me permite seguir viviendo.

Y luego, me dejo llevar por la primer perra que se me atraviesa en mi camino, como todo perro soy fiel, hago todo lo que está a mi alcance para complacer y hacer feliz a esa mujer que me trata como a un perro… y he de decirlo: no hay nada peor que un perro enamorado. El sueño se termina la perra desaparece de mi vida y vuelvo al sendero de la soledad, pero no igual que antes, siento como si su partida fuera lo mejor y al mismo tiempo lo peor que me ha pasado en la vida.

La incertidumbre llega nuevamente a mi vida, una encrucijada me dice que no hay de otra, a huevo hay que elegir que chingados será de la vida de este perro. En este punto me hubiera gustado ser un humano, dicen que son buenos para tomar decisiones, pero luego me topo que son los que más se arrepienten de las mismas, y pues, sigo siendo un perro. Por fin elijo un camino, y puta, me arrepiento por momentos... que parecidos somos los perros de los humanos.